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Viajero habitual
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Dejamos atrás la ciudad de Mopti y accedemos, por una traqueteante carretera que surca campos extensos de cebollas, hasta Sangha. Son las once de la mañana y encargamos la comida para el mediodía en Le Grand Castor Dogon, mientras damos un paseo por la aldea.
La distribución de las aldeas Dogón es un universo único donde se mezclan magia y tradición, a veces difícil combinación para que nuestras mentes occidentales lo entiendan. Alejado del núcleo se encuentra un edificio donde viven las mujeres los días que tienen la menstruación, allí permanecen hasta que son purificadas con un aceite que extraen de una uva salvaje. El día que van a salir se fabrica el aceite y se unta a la mujer en cuestión antes de volver a su propia casa.
El edificio más importante de la aldea es la toguna, está situada en la cabeza, la toguna o Casa de la Palabra, es una construcción sostenida por ocho pilares de madera labrados, soportando un grueso tejado de ocho hiladas de paja y tallos de mijo, en referencia a los ocho primitivos ancestros. En la toguna es donde los ancianos se reúnen durante largas horas para tratar los problemas de la comunidad. El espacio interior es sorprendentemente bajo, para impedir que en el fragor de una discusión nadie pueda levantarse para imponer físicamente su criterio. La plaza donde se encuentra la toguna de Sangha, está reservada para celebraciones y ceremonias rituales y no puede ser pisada normalmente. Atención con las fotografías la mayoría de los edificios son sagrados y no pueden ser fotografiados.
La casa más famosa de Sangha es la casa de Gutemele, el cazador protagonista del libro El Dios del Agua. En los huecos que adornan la fachada se guardaban plantas y raíces para utilizar en caso de enfermedad.
Muy cerca se encuentra la Casa del Hogón y la Casa del Fetiche, el hogón, es el líder espiritual de la tribu, vive solo y sólo sale de su casa en caso de necesidad. Un montículo de piedras señala la cantidad de “hogones” que han habitado el lugar.